Algunos vestidos tienen bordadas flores del patio. Afuera, en el patio, niñas frágiles dan vueltas en su propio eje como trompos de cristal. Juegan con sus vestiditos de flores del patio del mismo patio en el que ruedan. Hay niñas y vestidos lilas, amarillas, telas rosas, vuelitos blancos con puntos de polca. Miran al cielo mientras giran y sienten las nubes más esponjosas que nunca, revolviéndose en el agua de sus ojos los algodones que corren impulsados por el viento. El mismo viento que corre a las nubes le levantan los cabellos al girar y la fuerza centrífuga de este darse vueltas las hace sentirse espléndidas, volátiles como sus cabellos de diferentes colores que juegan y giran y pueden atrapar bichitos. Esto de sentirse centrifugas las relaja mientras sienten como se les cierran los ojos para desaparecer, para ya no estar en el patio trasero de sus casas invisibles llenas de gente y sus brazos ahora ya no son de carne, ahora son bellas deshuesadas que han transformado sus extremidades en hélices veloces que cortan el aire en fragmentos de colores, y cada uno de esos colores preciosos se les plasma en la piel como tiñéndolas. Sienten el sonido de las hélices dando vuelta y no se percatan de que son ellas mismas las que suenan, que darse vueltas las ha ido desintegrando deliciosamente en entes sedosos, entes con olor a frutilla, entes sutiles como las joyas que cuelgan de sus orejas. Aprietan los parpados hasta ponerse bizcas bajo la piel, turnias del mareo que les encanta, y los vestidos no paran y ellas no cesan la velocidad inverosímil que alcanzan.
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4 arcadas:
'The virgin suicides', pienso.
Eso se llama conservar intacta la transparencia de la sangre en la infancia.
Me recordó a esto :
http://homepages.wmich.edu/~tasende/Los%20opalos.jpg
Me encanta.
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